Actores: Alberto San Juan, Guillermo Toledo.
Madrid, 2012.
Madrid, 2012.
Buen menú en el montaplatos
A pesar de mi gripe, que me viene acompañando durante todo el fin de semana, me acerqué ayer a ver la obra de Harold Pinter, adaptada por la Compañía Animalario.
Siempre es mágico volver al Matadero, un centro de arte rodeado de pasado, donde se representa la obra en la sala 2, que antiguamente era la sala de despiece del cerdo. Allí entramos a través de una cortina negra para contemplar toda la sala vestida de un plástico del mismo color, dos camas... Y todos formando parte de una sola existencia.
Siempre es mágico volver al Matadero, un centro de arte rodeado de pasado, donde se representa la obra en la sala 2, que antiguamente era la sala de despiece del cerdo. Allí entramos a través de una cortina negra para contemplar toda la sala vestida de un plástico del mismo color, dos camas... Y todos formando parte de una sola existencia.
Aparecieros dos monstruos ( San Juan y Toledo), y se les oía respirar; es lo bueno de internet, primera fila, sacando las entradas con un mes de antelación.
Y empezó la función, Ben y Gus, Gus y Ben dos asesinos a sueldos, dos personajes desdibujados flotando en un siniestro sótano, obsesivamente desconfiados, confinados en sí mismos, violentos, represivos, mostrándonos lo absurdo de la vida, nuestro propio miedo a la existencia, la solidaridad o la rebelión, a qué apostamos...
Y así van pasando el tiempo y la vida, esperando órdenes... Y entre tanto caos, encargos de comida a través de un montaplatos mientras los personajes se preguntan: ¿aguantamos o por fin nos rebelamos?
Y así van pasando el tiempo y la vida, esperando órdenes... Y entre tanto caos, encargos de comida a través de un montaplatos mientras los personajes se preguntan: ¿aguantamos o por fin nos rebelamos?
Y nosotros los espectadores también nos sentamos y sentimos dentro de ese zulo, en una especie de ratonera, donde no hay colores, con una iluminación que también nos envuelve y decidimos que hay que sabotear el montaplatos, que hay que moverse, que hay que ser distintos, que no vale todo; pero desde el entusiamo, no desde la amargura y tristeza y seguir riéndonos de nosotros mismos y de este esperpento que es la vida.
Me quito el sombrero ante la gran interpretación de Toledo, a partir de hoy mi actor fetiche en la escena, pero claro, como guapo, San Juan.
marta

