Director: Leos Carax
Actores: Denis Lavant, Edith Scob, Eva Mendes, Kylie Minogue
Francia, 2012
Pasen y vean ... La función va a comenzar
Mi ultima reseña de 2012 y qué mejor colofón que ir a ver la premiada Holy Motors en el último Festival de Sitges.
Una sublime locura que escapa a cualquier razonamiento lógico. Por este motivo, en los créditos tenéis un pequeño anticipo a través del trailer. Todos los que estéis dispuestos a ver una película tan creativa, radical y libre pasaréis por taquilla.
Y os aseguro que que no os dejará indiferente.
Como meros espectadores en una gran sala de cine, su director Leos Carax, L'enfant terrible del cine fantástico, nos zarandea, nos provoca, nos ofende, nos insulta, nos quiere y nos despierta todas nuestras zonas erógenas tanto del cuerpo como de la mente.
Bienvenidos al mundo circense. Pasen y vean ... La función va a comenzar, tal y como cantaba la Orquesta Mondragón. Dejense llevar por lo inesperado, por la sorpresa y saldrán encantados.
Subanse a bordo de una flamante limusina de color blanco, conducida por una máscara elegante llamada Céline - Edith Scob- y dejense sorprender.
En el interior de este cutre y llamativo carruaje, convertido en un pequeño camerino y cuyo pasajero principal es Mr. Oscar -Denis Lavant-, un actor cameleónico, curtido entre el teatro y el circo. Un ser sin identidad que nos va a hacer vivir nueve historias delirantes que rebosan creatividad y que son auténticamente explosivas.
Y así, en el transcurso del tiempo Mr. Oscar a través de citas y expedientes nos va presentando mil caras, mil identidades: Una mendiga deambulando por París, un especialista en películas de ciencia-ficción, un padre que deja en libertad a su hija, una familia compuesta por simios, un asesino convertido en su propia víctima, un orate que enamora a una estatua - Eva Mendes- en el cementerio de Montparnasse...
Conforme trancurre la acción nos vamos moviendo de una realidad a otra. Extraños seres sin identidad, sin ninguna conexión. Nos sumergimos en los bajos fondos del ser humano pero también en esos maravillosos paseos en limusina por las calles de París desde el alba hasta el anochecer.
Y las limusinas, esas máquinas ya trasnochadas volverán como cada día a Holy Motors a reparse y descansar hasta el día siguiente, donde la vida vuelve a comenzar.
Un alarde de creatividad, emotividad y extravagancia que nos hace seguir soñando con el séptimo arte.
marta
Mi ultima reseña de 2012 y qué mejor colofón que ir a ver la premiada Holy Motors en el último Festival de Sitges.
Una sublime locura que escapa a cualquier razonamiento lógico. Por este motivo, en los créditos tenéis un pequeño anticipo a través del trailer. Todos los que estéis dispuestos a ver una película tan creativa, radical y libre pasaréis por taquilla.
Y os aseguro que que no os dejará indiferente.
Como meros espectadores en una gran sala de cine, su director Leos Carax, L'enfant terrible del cine fantástico, nos zarandea, nos provoca, nos ofende, nos insulta, nos quiere y nos despierta todas nuestras zonas erógenas tanto del cuerpo como de la mente.
Bienvenidos al mundo circense. Pasen y vean ... La función va a comenzar, tal y como cantaba la Orquesta Mondragón. Dejense llevar por lo inesperado, por la sorpresa y saldrán encantados.
Subanse a bordo de una flamante limusina de color blanco, conducida por una máscara elegante llamada Céline - Edith Scob- y dejense sorprender.
En el interior de este cutre y llamativo carruaje, convertido en un pequeño camerino y cuyo pasajero principal es Mr. Oscar -Denis Lavant-, un actor cameleónico, curtido entre el teatro y el circo. Un ser sin identidad que nos va a hacer vivir nueve historias delirantes que rebosan creatividad y que son auténticamente explosivas.
Y así, en el transcurso del tiempo Mr. Oscar a través de citas y expedientes nos va presentando mil caras, mil identidades: Una mendiga deambulando por París, un especialista en películas de ciencia-ficción, un padre que deja en libertad a su hija, una familia compuesta por simios, un asesino convertido en su propia víctima, un orate que enamora a una estatua - Eva Mendes- en el cementerio de Montparnasse...
Conforme trancurre la acción nos vamos moviendo de una realidad a otra. Extraños seres sin identidad, sin ninguna conexión. Nos sumergimos en los bajos fondos del ser humano pero también en esos maravillosos paseos en limusina por las calles de París desde el alba hasta el anochecer.
Y las limusinas, esas máquinas ya trasnochadas volverán como cada día a Holy Motors a reparse y descansar hasta el día siguiente, donde la vida vuelve a comenzar.
Un alarde de creatividad, emotividad y extravagancia que nos hace seguir soñando con el séptimo arte.
marta






























