domingo, 8 de diciembre de 2013

Montenegro (comedias bárbaras)

Santa Compaña
Autor: D. Ramón María del Valle-Inclán
Director y versión: Ernesto Caballero

Actores: Ramón Barea, Fran Antón, Ester bellver, David Boceta, Carmen León...
Escenografía: José Luis Raymond
Vestuario y caracterización: Rosa García Andújar

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Santa Compaña
Las Comedias Bárbaras de Valle las componen tres obras, la primera escrita mucho después de la última hasta quedar en este orden por expreso deseo de su autor: Cara de plata (1922), Águila de Blasón (1907) y Romance de lobos (1908).

Es la segunda vez que se representan las tres obras juntas. La anterior fue en el María Guerrero y duraba seis horas, era el año 1991.

Esta vez el director Ernesto Caballero, ha logrado reducirlas a tres horas y media con quince minutos de descanso y se hace muy pesado.

La obra narra el esplandor y decadencia de una estirpe gallega encabezada por la figura de Don Juan Manuel Montenegro, interpretada por Ramón Barea.

El despiadado señor feudal habla siempre por boca de Valle- Inclán. Crece como feroz señor de lo humano y lo divino alcanzado por apetitos primarios que luchan constantemente entre sí.

Montenegro se disloca en su propio infierno y en el infierno que ha provocado en muchos. Avanza a ciegas en busca de luz y perdón, la vida y la muerte se encuentran y desbocan en una serie de escenas envolventes. Aquí no hay tratamientos psicológicos, para comprender a los personajes ni a la lujuria que les acecha y devora.

La ira de Valle Inclán y la compasión, están presentes en toda la obra.

Por lo demás, sinceramente no me ha gustado. Es impresionante la puesta en escena de José Luis Raymond. Desde el vestíbulo con ese impresionante retrato  de Valle Inclán por Zuloaga. El puente de piedra que inunda todo el escenario, la recreación de los barcos, con el mástil de una sirena, azotados por ese bravío Oceáno Atlántico, la Santa Compaña, herejes, putas, brujas y curas.

El juego creativo y sinuoso del vestuario creado por Rosa García Andújar. Los clarooscuros de la iluminación. La musica wagneriana de Javier Conde que a veces chirría, comiendo el texto a los actores.

De todos ellos en su interpretación, se salvan Ramon Barea, su bufón Janfri Toperael, la puta pichona Ester Bellver y nadie más. La frágil y desconsolada Sabelita, Rebeca Matellán, es sosa e insulsa. Y ver los micrófonos pulando por los cuerpos, daba una sensación de puro montaje, como los que se pueden ver estos días por la Gran Vía. El teatro estaba lleno.

Montenegro; el padre de los pobres, el espejo de los ricos.
marta