Texto, dirección, escenografía y vestuario: Angélica Liddell.
Música: Cho Young Wuk.
Actores: Wenjun Gao, Fabián Augusto Gómez , Xie Guinü, Lola Jiménez, Angélica Liddell, Sindo Puche, Zhang
Qiwen, Lennart Boyd Schürmann
Peter Pan, un ajuste de cuentas
Cuando los sentimientos y las emociones se amontonan en mi cuerpo, lo mejor es coger un papel, un bolígrafo y dejarles fluir. Me ayuda a vivir.
Casi siempre escribo sobre lo que más detesto, el odio, el horror, el rencor, la angustia, el abandono... y en esto me parezco a la directora.
La obra que vi ayer en el Teatro del Canal, va de todo ésto. Es el final a una trilogía de la dramaturga Angélica Lidell, que comenzó con Maldito sea el hombre que confía en el hombre, allá por el 2007.
Es pura explosión, algo incomprensible y cuanto más lo intentaba comprender más irracional se volvía. Consigue hacer estallar todas tus emociones desde el primer minuto a través de un ruido tosco que chirría continuamente.
La obra establece una corriente sanguínea entre la matanza en la Isla de Utoya, donde Breivik mató a 60 jóvenes, la isla Neverland de Peter Pan y la fascinación de la ciudad de Sanghai.
La isla de Utoya, representa la juventud, donde el amor y el sexo es posible. El paso del tiempo hará que envejezcamos volviéndonos feos, aburridos, resentidos y así iremos arrastrando nuestros pequeños cuerpos hasta la tumba.
Cuando ocurrió la matanza de Utoya, su directora se encontraba en Sanghai y quiso incorporar su belleza a la obra.
Maneja magistralmente algo tan difícil como es el miedo al abandono. Ser Wendy no es fácil, cuando sabes que vas a ser abandonada y a pesar de ello amas a Peter Pan.
Todo el cielo sobre la tierra es una venganza contra el Peter Pan de J.M.Barrie. Finalmente Wendy toma como ejemplo la masacre en esta isla para vengarse de todos los Peter que no la amaron.
Esta venganza no es a causa del abandono, sino a la imposibilidad de ser amada por Peter debido a la pérdida de la juventud. Esta pérdida nos aleja del amor y Wendy elige a Peter para vengarse por ello.
La desesperanza, la soledad y todo lo que te distancia del amor es duro. Pero ese sufrimiento, transforma el dolor en algo hermoso.
En este espacio, donde la soledad será menos tormentosa, entra en escena Shanghai y con ella unos personajes únicos; el director de una orquesta que nos armoniza con unos bellos valses, bailados por una simpática y longeva pareja de origen chino.
En esta ciudad siempre nos acompañarán esas bicicletas que recorren todo el país y que llevan el nombre de "Forever".
La obra es dura, nihilista y a la vez vulnerable, seguimos buscando el amor. Unas actuaciones espectaculares, la iluminación, la música, la escenografía, el vestuario... El monólogo crítico-burlesco de Wendy, interpetado por la misma Angélica Liddell es sublime y desgarrador.
La juventud se va marchitando y aquellos maravillosos versos de Woodsworth que siempre recuerdo, verbalizados por la dulce Natalie Wood, en la película Esplendor en la hierba, aparecen como un mantra en los sobretítulos del escenario.
"Aunque ya nada pueda devolvernos la hora del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores, no debemos afligirnos, porque la belleza subsiste en el recuerdo".
La obra permanecerá siempre en mi recuerdo.
marta