Actores: Koki y Ohshiro Meda, Masaharu Fukuyama, Nene Otshuka, Kirin Kiki
Japón, 2013
trailer
Ahora todo tiene sentido
He dejado pasar unos días antes de escribir esta reseña y aventurarme de nuevo, en el mágico mundo de este gran director japonés Kore-eda. Reencontrarme con esos seres pequeñitos que me conmovieron y me hicieron reir en Kiseki (Milagro).
Si hay algo extraordinario en este cineasta es que todas sus películas nacen de lo vivido. Las emociones no conocen fronteras, todas forman parte de nosotros.
Pero la forma de expresarlas son distintas, por eso siempre me ha atraido la cultura oriental. Esa que nace de la reflexión, de lo etéreo, de la serenidad, de la pureza, de ese movimiento zen que a través de círculos vamos abriendo y cerrando nuestra propia vida. Este director es único reflejándolo.
En este nuevo metraje, Kore-eda acababa de estrenar paternidad. La película es una oda de profundo amor y compromiso hacia ese hijo que acaba de llegar al mundo.
Si el argumento de esta película se hubiera hecho en Occidente, probablemnete pasaría sin pena ni gloria. Dos familias, dos hijos, ambos con la misma edad seis años y una llamada del hospital para confirmarles después de tanto tiempo, que los niños fueron intercambiados.
A partir de aquí, el director nos lleva de la mano por dos caminos llenos de temores. ¿Qué hacer?. La identidad genética debe prevalecer o son más fuertes los vínculos afectivos que hemos ido creando, llenos de cariño, amor y comprensión.
Esto le sirve a Kore-eda para presentar, dos familias totalmente diferentes. La primera, dominada por las estrictas normas del padre -interpretado por el guapísimo actor Masaharu Fukuyama-, un arquitecto que inculca a su hijo en la ley del esfuerzo, pero al cual no le puede dedicar suficiente tiempo. La segunda, de origen más humilde, pero más permisvos y más conscientes de las necesidades de los niños.
Hay una crítica al sistema educativo, al papel de la mujer, al trabajo competitivo de jornadas eternas, al poder que da tener dinero, a la identidad genética...
Quizás sólo haya un pero, en la escena final hay redención y perdón y esto no forma parte de la cultura oriental, seguramente pensó en nosotros los occidentales.
Una obra maestra, por la que pasarán los años y nos emocionará volver a verla. Sólo cambiará el paso del tiempo, nuestras propias experiencias y eso hará que la sintamos de distintas formas, siempre nos acompañará esa paz tan reconfortable en la que se inspira siempre su director.
Una clase magistral sobre la familia que la moldea y la hace a su antojo.
Una vez más, gracias Sr. Kore-eda.
marta


No hay comentarios:
Publicar un comentario