lunes, 8 de octubre de 2012

Amor bajo el espino blanco

Director: Zhang Yimou
Actores: Shawn Dou, Dongyu Zhou
China 2010 















Bayas rojas en aquellos días grises
Después de ver la última película de Young, Una mujer, una pistola y una tienda de fideos chinos, tan absurda y disparatada como su propio título. Nos llega su última película con retraso, Amor bajo el espino blanco con un título tan oriental y lírico que era imposible no ir a verla.

Zhang Yimou vuelve a es cine intimista  a ese mundo lleno de luces y sombras característico de las culturales orientales y que  a nosotros como occidentales  se nos escapa, donde la sensibilidad se respira y brota sin juzgarse. 

En estas culturas el sentimiento de culpa no existe y es más facil adentrarse en temas como la  belleza, la muerte, el deseo... Todo fluye de una manera natural, como el pequeño río que hace felices a estos protagonistas, separados por la clase social a la cual les hacen pertenecer.

Me preparaba para sentir y disfrutar a través de la música y de una hermosa fotografía de la mano de Zhao Xiadoing. 

Esos días grises que acompañan a Sun y Jing en el paso a la edad adulta, en un marco histórico como es el final de la Revolución Cultural, donde muchos jóvenes eran "reeducados" en el campo. 

Algo me llama la atención y es un color que prevalece sobre esos tonos grises llenos de claroscuros, el rojo, el que florece en ese hermoso espino blanco. El que podemos ver en la palangana llena de bayas rojas donde Sun cuida los pies dañados de su amada Jung. En la tela que compra la joven y guapa desconocida Dongyu Zhou, interpretando a Jing, para confeccionarse una preciosa chaqueta...
  
Todo el marco es perfecto, preciosas localizaciones de la china rural, sencillos vestuarios que impactan visualmente, la inocencia de los dos jóvenes, la tristeza de una época en la que todo se esconde y sobre todo la naturalidad acompañada de una música que armoniza y relaja.

Pero falta un ingrediente básico y es alma, no llega, no cala emocionalmente y se queda vacía, como una película más dejando un sabor agridulce, como su famosa cocina. Aun así merece la pena verla.
marta