lunes, 26 de noviembre de 2012

...Y recibí las peores noticias de tus labios



Directores: Beto Brant y Renato Ciasca
Actores: Camila Pitanga, Gustavo Machado, Zecarlos Machado.

Brasil, 2011












Una mirada, un cuerpo y la palabra
Sentada en una butaca de una sala de cine casi vacía, comencé  a dejarme mecer por la bossa nova y por la melancolía y suavidad de esa lengua maravillosa que es el portugués teñida siempre de saudade. No me hacía falta nada más y me dispuse a viajar esta vez a Brasil, concretamente al Amazonas.

¿Se puede pedir algo más en un viernes de finales de Noviembre en Madrid? Creo que no.

Voy entrando en la trama de esta pelicula brasileña, basada en un best seller, con tintes de Corín Tellado. Si hay algo además de la música, el fútbol, las playas, que apasione a los brasileños, son esas telenovelas de amores, pasiones y odios.

Comentábamos mi gran amigo y yo a la salida del cine que se notaba en la película ciertos guiños a otro film brasileiro, Orfeo Negro.

...Y recibí las peores noticias de tus labios. Un trío amoroso compuesto por la mirada de un fotógrafo - Gustavo Machado-, que observa a través de su Canon una cara y un cuerpo casi perfectos. Son los de Lavinia - Camila Pitanga-, espectacular en su interpretación y en su físico desnudo y la palabra de un predicador -Zecarlos Machado-.

Desde que la Iglesia Católica se cargó lo único que merecía la pena de ella, La Teología de la liberación, aparecen predicadores, sobretodo evangélicos que conectan con el pueblo, como es el marido de Lavinia, el proclamado "salvador".

Porque en este trío amoroso de marido despechado y amantes pasionales, hay también una subtrama medioambientalista contra la tala masiva de árboles en el  Amazonas.

Impresionante luz y fotografía llena de desnudos integrales y escenas de sexo para ofrecernos una desenfrenada pasión, quizás un poco excesiva, de culebrón televisivo. Donde se incluye un asesinato, un fotógrafo  con parche en el ojo, una exyonqui inestable y sensible que se cruza al lado bueno de la vida, ayudada y amada por el samaritano del predicador. Amantes copulando, árboles a la deriva...

Es entretenida, intensa y con un ritmo manejable. Y entre pasión y pasión, hay una segunda lectura en esta historia, la deforestación del Amazonas y la implicación de los evangelistas, los mensajeros de la palabra, en este asunto.

Eché de menos que el fotógrafo también hubiese sido un bellezón mulato como Lavinia, pero los directores se olvidaron de nosotras.
marta