sábado, 25 de febrero de 2012

Mi semana con Marilyn

Director: Simon Curtis Actores: Michelle Williams, Eddie Redmayne, Kenneth Branagh Reino Unido-EEUU,. 2011.





Marilyn, frágil, ingenua y sensual
Después del subidón de la pelicula de la semana pasada, necesitaba algo agradable, entretenido, y me decanté por Mi semana con Marilyn.

Sinceramente fui al cine con ciertas dudas y no muy convencida. Me dejé llevar por ciertos prejuicios y me parecía una misión casi imposible para una actriz. En este caso Michelle Williams, protagonista en Brokeback Mountain, sin un extenso curriculum en su trayectoria. Su objetivo, meterse en la piel y en el alma de uno de los mayores iconos del siglo XX, como fue Marilyn, la actriz más explosiva de la historia del cine.

Y verdaderamente, me quedé asombrada, fue una grata sorpresa. Realiza una interpretación magistral. Nominada este año a los Oscars, ya veremos el domingo. A lo largo de la película dudas, te paras, piensas... ¿Quién realmente está en la pantalla es Marilyn, la ambición rubia?

Me imagino que el director, Simon Curtis, nos devuelve a la realidad para que nunca se nos olvide en el metraje que es sólo una interpretación. Es cine y lo refleja muy bien a través de los ojos de Michelle Williams: son azules y la cámara los busca una y otra vez. Y ahí percibimos que no son aquellos ojos miopes de gata de color marrón, aquellos ojos sexuales que hipnotizaban.

La película está basada en la novela del mismo nombre escrita por Colin Clark (Eddie Redmayne), cuando tenía veintitrés años. Cuenta sus memorias como tercer ayudante de dirección -chico de los recados-, en la película El príncipe y la corista, interpretada y dirigida por el mítico Sir Laurence Oliver, Kenneth Branagh. Y cómo su relación efímera con Marilyn Monroe durante una semana, marcó toda su vida.

Sir Laurence Oliver y Marilyn Monroe. Dos egos, con dos métodos de interpretación distintos. Él pura técnica y ella pura intuición.

La película es un fiel reflejo de la vida de Marilyn delante y detrás de las camaras. En esa época acompañada de su segundo marido Arthur Miller, Dougray Scott, y de una profunda soledad.

Buena película, sin grandes pretensiones.
marta

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